La variable territorial.

Por ALEJANDRO HERRERA. La variable territorial es una perspectiva actualmente en reconsideración internacional en la formulación de políticas nacionales de desarrollo científico y tecnológico.

En la raíz de esta reconsideración se encuentra la constatación que es a nivel del territorio (es decir, abajo) donde los efectos esperados del Triángulo de Sábato (o la Triple Hélice de Etzkowitz) ganan en condiciones de materialización en comparación con el arriba de los sistemas nacionales.

En algún sentido, la variable territorial viene a ocupar una función de pasaje macro-micro de las políticas científico-tecnológicas (un pasaje siempre deseado y, también, siempre problemático).

Ahora bien, uno de los aspectos de mayor interés es que la variable territorial no viene dada en abstracto (o, mejor no posee tanta carga abstracta) como otras nociones analíticas y propositivas  sobre el funcionamiento deseado de los sistemas de ciencia y tecnología (por ejemplo, “la articulación” o “las interacciones”).

La variable territorial es considerada como un camino conceptual hacia la materialización de un “resultado” concreto de política pública: la formación de ecosistemas territoriales de innovación.

Es precisamente  a nivel del proceso de la gestación y avance de estos ecosistemas, en tanto espacios socioproductivos con lógica propia, donde ocurren tres cosas de sumo interés: en primer lugar, un ecosistema territorial de innovación no nace de un repollo ni es una jugada de pizarrón; es un proceso socio-histórico, en el que se van a condensar las tradiciones productivas territoriales y  las identidades locales para relanzarlas hacia el futuro con una nueva visión del desarrollo territorial (por esta naturaleza, la principal herramienta analítica es el mapeo cartográfico).

Lo segundo que ocurre es que va dar lugar a los efectos del Triángulo de Sábato en sentido extendido y visible.

Y lo tercero que ocurre es que esta clase de “cosa” puede ser llamado “ecosistema territorial de innovación” solo si se evidencia la concurrencia o apalancamientos de las capacidades institucionales de los organismos de ciencia y tecnología localizados en el territorio (aunque pertenezcan a otras jurisdicciones gubernamentales). (En la Argentina, la capilaridad de sus instituciones de CTI hace muy promisoria el surgimiento de ecosistemas territoriales de innovación. Qué lindo que es dar buenas noticias!).

Los parques de ciencia, tecnología e innovación entran a escena.

Termina allí la cosa? Para nada.

Otra buena noticia: por lo general, si se habla de ecosistemas territoriales de innovación se habla a la vez de parques de ciencia, tecnología e innovación.

Y por qué?

Porque la cosa comenzó ahí.

La reconsideración de la variable territorial es consecuencia de una observación analítico-empírica de qué pasa con la evolución de un parque de ciencia, tecnología e innovación en un determinado territorio. Y una de las primeras cosas que pasa es que modula un ecosistema territorial de innovación.

Los parques de ciencia, tecnología e innovación (y otros Hábitats de Innovación asociados a ellos,  como aceleradoras, incubadoras, co-working, Centros Municipales de Innovación, Living Labs y centros de co-creación social) configuran ya una tendencia internacional de nuevos instrumentos de dinamización  de las políticas nacionales de desarrollo científico  y tecnológico porque sirven para producir una convergencia (como se dijo, un pasaje macro-micro efectivo) entre aquellas y las políticas -o intereses de desarrollo local- a nivel de Municipios y Provincias. Pero no cualquier clase de convergencia: se trata de una convergencia de resultados medibles, como mínimo o piso, en la creación de empleos con impacto distributivo (Dicho en criollo: laburos de buena mosca).

Por esa razón, los Estados, en sus tres niveles (donde existen), se involucran cada vez más en esta clase de proyectos, que están orientados al alcance de métricas concretas de impacto (empleo, inversión, patentes, nuevas empresas, relocalizaciones, aumento de tributación local, etc.).

Ahora, una mala noticia. Qué lástima, con lo bien que veníamos: la Argentina ha perdido el tren internacional de generación de parques de ciencia, tecnología e innovación como espacios de alineación y gobernanza compartida -a nivel local- de las capacidades de instituciones de ciencia y tecnología locales, universidades y centros educativos, organizaciones de la sociedad civil en sentido amplio y Municipios y Provincias. (Tomá mate).

Un parque de ciencia, tecnología e innovación constituye un proyecto concreto de convergencia real de capacidades sociales e institucionales con impacto en la elevación de las condiciones de desarrollo humano en los territorios donde se emplazan (que,… elemental Watson…, son terrenos de Municipios y Provincias).

La Argentina necesita concebir y operativizar cuanto antes su Modelo Nacional de Parques de Ciencia, Tecnología e Innovación como lo tienen, en gran estado de avance, nuestros países vecinos.

Un modelo nacional que recupere el tiempo perdido y, fundamentalmente, involucre activamente a Municipios y Provincias en la consecución de proyectos de impacto real en sus economías, en cuanto a nuevos empleos de impacto distributivo (y también de los otros)  y retención y radicación de talento.

Nuestro país tiene todas las condiciones materiales de base para concretar este Modelo, y escalarlo a la cantidad de proyectos que surja de las propias necesidades e intereses regionales. Solo es necesario organizar las capacidades federales distribuidas de CTI (delegaciones de organismos; centros CONICET, universidades) y localmente situadas y alinearlas hacia la concreción de una visión compartida del desarrollo territorial, en el marco de efectivas y rápidas metodologías de implementación. Claro! Me olvidaba! El primer paso que todos y todas deben dar -un nuevo Contrato Social- es romper por propia voluntad el fuerte sentido institucional intramuros. En ésto, Municipios y Provincias puede jugar un papel clave.

Pero, si hay un ecosistema, y hay un parque, como se crea el empleo?

Lindísima pregunta porque nos ayuda a recordar aquello que aconsejaba “El General”: “Entre gitanos no nos tiremos la suerte”.

Efectivamente, un parque de ciencia, tecnología e innovación es muchas cosas bonitas a la vista, pero si no crea empresas tecnológicas…bueno…”no nos tiremos la suerte entre gitanos”. Es otra cosa.

Sirve? Claro! Quién dijo que no?!!. Pero si hablamos de: a) Variable territorial -> Parque de ciencia, tecnología e innovación con los Municipios y las Provincia adentro y jugando fuerte…. tenemos que hablar de formación de nuevas empresas tecnológicas.

Y acá, una de cal y una de arena, para no ser tan dramáticos.

Las startups (nuevas empresas de aplicación de conocimientos científicos o tecnológicos de acelerada expansión) constituyen los nuevos sujetos del cambio tecnológico del nuevo milenio porque nacen de la visualización de oportunidades de la generación millenials (a esta clase de “ñatos”, Schumpeter les gustaba llamar los creadores-destructivos; por eso, sus humildes lectores les decimos “sujetos schupenterianos”, aunque suene a…marciano).

Las startups tienen la extraordinaria virtud de provocar un rápido impacto en la generación de nuevos empleos y habilidades y, en su mayoría, debido a su aspiración de escalabilidad global de mercados y destrezas de especialización, se convierten en agentes de creación de dólares genuinos por dos vías: como receptora de inversiones internacionales y como creadoras de ganancias.

La Argentina tiene un grave retraso en este terreno que está enmascarado en la tranquilizante situación subjetiva de poseer el grupo de unicornios más dinámico del sur de América como si fuera una ventaja competitiva nacional. Es una falsa ventaja. Como le dije a un dirigente brasileño de una cámara de empresas de tecnologías que me admitía la admiración de su país por esta “ventaja” argentina: “Daniel, le dije, te cambio 1 unicornio de 1000 millones por 10 de 100)”.

Por ello, existe una brecha a cubrir en este campo mediante la concepción y operativización de un Modelo Nacional orientado al interés nacional, tal como está ocurriendo en un conjunto de países en vías de desarrollo (India, Brasil, Chile).

En este sentido, un capítulo especial debe ocupar la promoción de biostartps orientadas a la agenda del cambio climático y las startups del sector industrial que pueden actuar en nuevos caminos de especialización intraindustrial o de cadenas globales de valor.

A modo de cierre (creo que ya quedó claro la letra de la milonga): ecosistemas, parques y startups son aspectos de un mismo fenómeno que es posible (muchos países lo hacen) entrelazar como un objeto de políticas nacionales de desarrollo científico y tecnológico orientada a crear impactos de innovación, productividad y distribución de ingreso. De eso va. Nada de abstracciones!.

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